Los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, perpetrados por la red islamista Al Qaeda, continúan siendo uno de los eventos más graves de la historia contemporánea. A 25 años del ataque, muchas personas aún creen en narrativas conspirativas, pese a décadas de investigaciones oficiales y análisis independientes. El ataque, que dejó casi 3.000 muertos, involucró el secuestro de cuatro aviones comerciales: dos impactaron las Torres Gemelas en Nueva York, uno golpeó el Pentágono y el cuarto cayó en Pensilvania tras la intervención de pasajeros, reseña un reportaje de DW EN ESPAÑOL.
El historiador Claus Oberhauser explicó a BR-Faktenfuchs que el 11-S fue “un punto de inflexión que desencadenó debates globales y problemas de seguridad desconocidos hasta entonces”. Ese impacto histórico alimentó preguntas sobre cómo el país más poderoso del mundo pudo ser sorprendido de esa manera.
Una encuesta de YouGov de 2023 reveló que uno de cada cinco estadounidenses cree que el Gobierno estuvo involucrado en el ataque, una afirmación sin sustento que refleja desconfianza hacia las instituciones y hacia “los poderosos”, según el investigador Daniel Jolley, de la Universidad de Nottingham.
Investigaciones científicas desmontan hipótesis de explosiones controladas
Aunque en redes sociales circula la idea de que las Torres Gemelas colapsaron por explosiones controladas, no existe evidencia que respalde esa hipótesis. Por el contrario, estudios del National Institute of Standards and Technology (NIST), del MIT y de la consultora Weidlinger Associates concluyen que los incendios provocados por el impacto de los aviones fueron la causa directa del derrumbe.
Los expertos explican que eventos repentinos como el 11-S generan vacíos de información y miedo, factores que impulsan la aparición de teorías conspirativas. Jolley señala que estas narrativas surgen como intentos de dar sentido a sucesos traumáticos y que suelen atraer a personas con mayor sensibilidad al miedo o con experiencias de adversidad.
Sin embargo, estas teorías son problemáticas por tres razones:
- Desconfianza social: prometen certidumbre, pero generan aislamiento y sospecha hacia instituciones y ciudadanos.
- Mezcla de realidad y desinformación: no pueden refutarse fácilmente porque no se basan en afirmaciones verificables.
- Impacto social y sanitario: pueden fomentar prejuicios, antisemitismo, homofobia, negacionismo climático y conductas de riesgo, como las teorías falsas sobre el COVID‑19.
Cómo abordar las teorías conspirativas y recuperar la confianza en los hechos
Instituciones alemanas como la Fundación Amadeu Antonio y el Centro Federal de Educación Cívica recomiendan estrategias para tratar con personas que creen en conspiraciones. Sugieren comunicarse de igual a igual, buscar información confiable juntos y rechazar con claridad cualquier narrativa que promueva racismo, antisemitismo o extremismo.
Oberhauser insiste en que la sociedad debe recuperar la confianza en la ciencia y en los hechos, especialmente en un contexto donde la desinformación circula con rapidez.
El Monumento y Museo Nacional del 11-S, ubicado en la Zona Cero de Nueva York, continúa recordando a las víctimas y preservando la memoria de un evento que transformó la política internacional, la seguridad global y la percepción pública sobre el terrorismo.
CON INFORMACIÓN DE: DW EN ESPAÑOL.
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