Conoce al misionero venezolano que ofrece refugio a desplazados ucranianos
jmontoya
21 de marzo de 2022
Conoce al misionero venezolano que ofrece refugio a desplazados ucranianos

Información Conferencia Episcopal Venezolana

A pesar del panorama desolador de la guerra en Ucrania, Vatican News comparte un testimonio de esperanza que llega desde Leópolis: La historia del joven seminarista venezolano José Jesús Pacheco Ordaz, que realiza sus prácticas misioneras en la parroquia San Juan Pablo II convertida en refugio humanitario para quienes huyen de las ciudades más afectadas.

Prosiguen los ataques y bombardeos entre las tropas rusas y el ejército ucraniano, mientras las ciudades de Ucrania se convierten en un escenario de ruinas, muerte y destrucción.

Desde el pasado 24 de febrero, día en el que inició la guerra, las noticias que circulan son desalentadoras ya que los esfuerzos diplomáticos no logran frenar la violencia ni llegar a un acuerdo. Las cifras de muertos y heridos siguen creciendo mientras que el número de refugiados que han abandonado el país superan los 3 millones según Naciones Unidas.

En medio de este duro panorama, Vatican News comparte el testimonio de esperanza de José Jesús Pacheco Ordaz, seminarista de 31 años, oriundo de Carúpano, Venezuela, que estudia desde hace 10 años en el Seminario misionero diocesano Redemptoris Mater de Kiev, y que actualmente realiza sus prácticas misioneras en la ciudad de Leópolis (Lviv):

«Estoy aquí por petición del padre Gregorio Draus, párroco de la Iglesia San Juan Pablo II, quien ha abierto las puertas de nuestra casa parroquial y templo para que sea refugio de todos aquellos que huyen de las ciudades más afectadas», explica José Jesús subrayando que desde que comenzaron los ataques han acogido en sus instalaciones a más de 2.000 personas, mayormente mujeres y niños.

«Actualmente tenemos alojados aquí a unos 163 refugiados. La ayuda que prestamos a estos hermanos necesitados es una gracia que no depende de nosotros sino que es un humilde y pobre servicio que va acompañado de más de 30 voluntarios de nuestra parroquia, que día a día dan la vida para servir a estas personas que lo han perdido todo», afirma el joven seminarista, haciendo hincapié en que precisamente en los rostros de esta gente, pueden ver que «Cristo está presente».

«Les damos un techo, alimentos y les hacemos llegar toda la ayuda que recibimos, tanto de la vecina Polonia, como de Hungría, Italia, España; y los hermanos de Latinoamérica, Costa Rica, Venezuela, Argentina», etc.

Ayuda material y espiritual para los refugiados

Sin embargo, en la parroquia San Juan Pablo II de Leópolis, convertida ahora en un refugio, no sólo trabajan en la contención material, sino también en la espiritual, que resulta fundamental en medio de estas trágicas condiciones:

«A parte de llevarles material humanitario, tenemos la misión de hacerles saber a estas personas que Dios no quiere la muerte de sus hijos y por ello les anunciamos sin cesar, la Buena Nueva de su amor inmenso, incluso en medio del dolor, el sufrimiento y la desesperación. Por eso para nosotros es tan importante estar en comunión en este servicio que prestamos y nos es indispensable iniciar cada día orando, viviendo cada Eucaristía como si fuera la última», aseverael joven seminarista puntualizando que la oración es el «combustible» para mover todo este motor que ponen en marcha en cada nueva jornada.

«Sin oración sería imposible sobrellevar esto, ya que es fácil escandalizarse del sufrimiento humano y de tanta tragedia», añade.

– Preguntamos a nuestro entrevistado ¿cómo ve el pueblo ucraniano el futuro de su país tras los estragos de esta guerra?

«Es difícil saber qué le espera a este pueblo. Cuando hacemos esta pregunta a nuestros hermanos, ellos responden «esta es y seguirá siendo Ucrania, esta es y seguirá siendo nuestra casa». A pesar de que han tenido que abandonar sus hogares, muchos tienen la convicción de que esto acabará y regresarán para reconstruir su país. Lo tienen claro. Se sienten a gusto en nuestra casa parroquial pero nos expresan que toda esta situación los hace sentirse extranjeros en su propia tierra. Sufren porque les han arrebatado su patria. Igualmente, en las conversaciones que tenemos con ellos tratamos de cultivar la posibilidad del perdón porque vemos que en sus corazones crece el odio hacia la nación de la que reciben estos ataques y sienten que les ha robado la paz».

– El domingo 13 de marzo, a la hora del rezo del Ángelus, el Papa Francisco renovó su llamamiento para que termine la guerra en Ucrania. ¿Cómo recibieron ustedes estas palabras del Santo Padre? ¿Siguen teniendo la esperanza de que triunfe la paz?

«El domingo fue un día en el que experimentamos un poco más de miedo porque por primera vez, empezamos a escuchar los lejanos estallidos de bombas que se produjeron a las afueras de Leópolis. En este contexto, conmovidos y con temor, hemos recibido las palabras del Papa como un apoyo, como una invitación a que se escuche el grito de los que sufren. La esperanza no muere, sino que es lo que mantiene viva la ilusión de tantas personas que se han visto obligadas a abandonar Ucrania, para volver a esta tierra, donde Dios ha hecho y hace su historia con ellos.

Nosotros hemos acogido este llamado del Papa a intensificar nuestra oración por la paz y por ello, intentamos seguir adelante incluyendo a estas personas en la actividad pastoral de nuestra parroquia, que continúa con la misión de evangelizar y extender la Buena Noticia de que Cristo Resucitado, ha vencido la muerte y la ha vencido dando su vida por amor a nosotros», concluye el seminarista José Jesús que espera poder ser ordenado sacerdote cuando termine esta guerra.

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