Entre el cine indígena y los conflictos de América Latina y Rusia
Clara Trueba
25 de abril de 2022
Entre el cine indígena y los conflictos de América Latina y Rusia

Información Nota de Prensa

Guayaba, la plataforma de cine latinoamericano vía streaming, persiste en adentrarnos en un cine excepcional que nos permita ver las distintas realidades que forman parte de América Latina, así como la óptica de los latinoamericanos que hacen cine.

En este caso, la cesta del mes la componen 5 películas de México, Colombia, Perú y Bolivia cuyas temáticas subrayan las manifestaciones patentes, pero también latentes,  de las violencias en la región, así como una ventana alterna y honesta al universo de nuestros pueblos indígenas y su relación con la modernidad.

En primer lugar, Pirotecnia, del colombiano Federico Atehortúa Arteaga, híbrido entre documental y ensayo fílmico, con guiños de ficción, que formó parte de la selección oficial de festivales como el Documenta de Madrid, el Ficunam y el Festival Internacional de Cine de Rotterdam. Este largometraje deja entrever los lazos que unen los inicios y la historia del cine colombiano con los distintos episodios de violencia que se han vivido en Colombia desde principios del siglo XX hasta la actualidad.

Luego, bajo el mismo telón de fondo de la violencia pero desde otra perspectiva, llega Como el cielo después de llover de Mercedes Gaviria Restrepo. Esta cineasta colombiana, residenciada en Buenos Aires, vuelve a su natal Medellín para filmar una película con su padre y revive su infancia, así como esos primeros años de convivencia familiar a través de películas caseras y un diario revelador que le escribió su madre cuando aún era una niña.

Estas películas, además de tener a la violencia como hilo conductor, se sirven del mismo proceso de creación de los cineastas y de su relación con sus propias imágenes, para ponerlos como centro narrativo.

Príncipe de paz, ópera prima de Clemente Castor, llega por México. Este filme invita al espectador a adentrarse en una historia de adolescentes marginados, mostrados de una manera brutalmente honesta, y donde la dura realidad abre también brechas para que se cuele lo espiritual.

Lo indígena como paraguas temático

De igual modo, la temática indígena tiene un especial protagonismo en la programación de este mes. Películas como Compañía del cineasta boliviano Miguel Hilari, galardonada en la categoría de mejor largometraje documental en uno de los encuentros mundiales más importantes del audiovisual indígena, el Festival Imagine Native, traslada a los espectadores a un pequeño pueblo de las montañas bolivianas para mostrarnos una cotidianidad marcada por un ritmo en desuso, por las fuerzas invisibles de la naturaleza. Una discusión necesaria sobre la situación de los pueblos indígenas de América, forzados a vivir de acuerdo a una organización social ajena a la suya.

Por su parte, Imapaqmi peliculata ruwasunman -o Para qué hacer una película por su traducción al español- de los cineastas peruanos Luz de la Fuente Bordalecu y Tomás Saralegui, selección oficial del Festival de Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana y filmada completamente en quechua, relata los primeros años de vida de Lhian, un niño indígena, el más joven de su familia, que aprende a dar sus primeros pasos, mientras se desarrolla en paralelo la construcción de un aeropuerto internacional en el Valle Sagrado de los Incas que amenaza con urbanizar la “Tierra del Arco Iris”.

Programación on demand

Completan la programación, las películas que sólo estarán disponibles por alquiler. Carelia, internacional con monumento del documentalista venezolano Andrés Duque, habla sobre la mítica región de Carelia que ha sido disputada a lo largo de la historia por la Unión Soviética, Rusia, Finlandia, Suecia y la República de Novgorod, y donde se realizaron fusilamientos masivos como parte de la persecución del estalinismo en la desaparecida URSS.

Casos complejos, del peruano Omar Forero, es un largometraje policial que a través de la tragedia y la comedia narra la historia de un detective que impulsa una investigación, con la cual se pone en evidencia el ecosistema de la violencia y la corrupción de nuestros países.

Cierran Orione de Toia Bonino y Piedra sola de Alejandro Telémaco Tarraf, ambas de Argentina. La primera es un filme que aborda la historia de una familia del barrio Don Orione, donde el hijo menor murió a manos de la policía, mientras que el mayor estuvo preso, situaciones que se repiten comúnmente en las zonas periféricas de muchas ciudades en el mundo y también en Buenos Aires.

Por su parte, Piedra sola, narrada desde la puna, en las tierras altas de Argentina, se adentra en los simbolismos de los andes suramericanos para hablar de la cosmovisión de la cultura andina.

Es así como la programación de abril de Guayaba nos invita a mirar adentro: adentro de los territorios para adentrarnos en la tierra, adentro de la historia para encontrar nuestros recuerdos y adentro de nosotros mismos para seguir descubriendo de qué estamos hechos en este lado del mundo.

Clara Trueba