La música de Nascuy Linares abre un abanico de timbres emocionales en la gran pantalla
Clara Trueba
22 de abril de 2022
La música de Nascuy Linares abre un abanico de timbres emocionales en la gran pantalla

Información El Nacional

No lo recuerda con exactitud. Pero entre 2016 y 2017, los cineastas Alberto Arvelo y Leonardo Henríquez lo convocaron para que participar en un proyecto en desarrollo: un documental sobre Carlos Cruz-Diez, el maestro del color. “Así estés haciendo muchos proyectos, no puedes dejarlo pasar. Todos tenemos a Cruz-Diez en nuestro ADN”. Así el compositor y arreglista Nascuy Linares (Mérida, 1972) se embarcó en la aventura de Free Color, que se estrenó en 2020 en el Palm Springs International Film Festival y que hoy llega a la cartelera nacional después de su proyección, fuera de competencia, en el Festival de Cine Venezolano en 2020.

Conoció al maestro Cruz-Diez mucho antes del documental, en una reunión en Caracas. “Era una fiesta con muchos músicos. Llegó Cheo Hurtado y le dijo: ‘Maestro, le presento al mejor cuatrista de Venezuela’. Era Jorge Glem. Yo creo que C4 Trío no existía en ese entonces o estaba comenzando. Todos nos quedamos con la boca abierta; fue impresionante. Recuerdo mucho ese momento. Fue la única vez que estuve cerca del maestro, que lo conocí”, cuenta Linares desde Barcelona, España, donde vive desde hace cuatro años.

Sin embargo, la edición y la música de Free Color la hizo cuando aún estaba asentado en su natal Mérida. En las primeras conversaciones, Henríquez y Arvelo ya tenían una idea clara. El documental sigue al maestro Cruz-Diez en sus últimos años cuando perseguía una vieja obsesión: liberar el color del soporte. Falleció en 2019, a los 95 años de edad, cuando la película estaba en postproducción, pero llegó a ver un borrador final del largometraje.

Primero vino la edición, que la realizó junto a su colega Camilo Pineda y que fue reconocida en el Savannah Film Festival 2020. “Empezamos a ver el material y se nos fue creando la atmósfera musical que necesitaba la película”, explica. “Pero mientras trabajaba en la edición, decidíamos. Yo como editor veía que era mucha música, más de la que yo tenía tiempo para dedicarme a componer”, agrega. Pero ya otras personas se sumarían, poco a poco, al proyecto.

La idea de trabajar con el director Gustavo Dudamel ya estaba sobre el tintero. Él tiene los créditos por composición de dos de las piezas de la banda sonora de Free Color, ambas en la voz de la margariteña Nella Rojas. No es la primera composición de música para cine con firma de Dudamel. Antes compuso la banda sonora de Libertador (2013), también de Arvelo y que, además, es la única película venezolana en alcanzar el shortlist (un primer filtro de selección) de los premios Oscar a la Mejor Película Internacional.

A la banda sonora de Free Color también se unieron el reconocido compositor Álvaro Paiva Bimbo —entre su trayectoria recientes sobresale la participación en la música de Encanto—, el destacado músico Devendra Banhart y Sebastián Arvelo, hijo del director que debuta en la composición para cine. La banda sonora también incluye una canción inédita interpretada por Carlos Cruz-Diez (guitarra) y su esposa, Mirta Delgado, y una canción especial cantada por la nieta del maestro, Fabiana Cruz.

“Fue una de las experiencias más gratas. Además de poder trabajar en la edición, fue trabajar en la composición junto a otros músicos maravillosos. Creo que es una fortuna y algo que me gustaría fomentar: trabajar la música entre varios músicos, en colectivo. Creo que es una manera inusual. Pero que ciertos proyectos se pueden permitir esa forma de trabajar con varios compositores, creo que es muy enriquecedor”, comenta Linares.

Todas las piezas fueron encajando poco a poco. Banhart llegó al proyecto porque parte de algunas de sus composiciones las habían utilizado como temp track, una pista temporal que se usa de forma provisional durante el montaje. Lo contactaron y se ofreció a hacer cuatro piezas para el documental; en la mayoría prima la guitarra. Paiva-Bimbo contribuyó con dos composiciones, en la que destaca “El taller de Cruz-Diez”.

“Álvaro tiene una forma de componer especial, yo diría muy moderna, muy pop en cierto sentido. Él es un excelente guitarrista y una música que nos habíamos imaginado con un corte de jazz manouche, muy personal. Creo que ninguno de los otros compositores lo maneja como él. No solo el estilo, el género, sino aplicado a un momento cinematográfico”, agrega.

El resto de las piezas son de Nascuy Linares, en las que hay una fuerte presencia del piano. Piezas como “Paris” o “Finale”, en la que comparte créditos con Sebastián Arvelo, evocan melancolía y nostalgia, que es parte del trabajo de crear una banda sonora: “El piano es un instrumento que, para el cine, tiene un abanico de timbres emocionales muy grandes. Es como un atardecer en una imagen, siempre transmite algo”.

Para Linares, colaborar con Arvelo y con Henríquez no era trabajar con extraños. Con Arvelo obtuvo su primer trabajo como compositor musical para cine con la cinta Una vida y dos mandados (1997). Formaban parte de una banda local llamada Lutania, donde Linares tocaba la guitarra y era una de las voces, mientras que Arvelo se encargaba del teclado y otros instrumentos.

Más de veinte años después de ese primer proyecto, Linares aún lo considera el trabajo más difícil al que se ha enfrentado. Tenía apenas 22 años de edad y compuso música que fue interpretada por la Orquesta Sinfónica Gran Mariscal de Ayacucho, en ese entonces, dirigida por Rodolfo Saglimbeni. Además, había un coro dirigido por la maestra Maria Guinand. No fue sencillo, pero le abrió las puertas al universo de la música para cine.

Desde entonces ha recorrido un largo trecho en el que las cintas de Arvelo han estado presentes como parte de su trayectoria profesional. Hizo la música de Una casa con vista al mar (2001), Habana, Havana (2004), Cyrano Fernández (2007) y Dudamel: el sonido de los niños (2010). Pero entre esos hubo un proyecto que Linares recuerda con especial orgullo: el documental Tocar y luchar (2006), sobre el sistema de orquestas, donde hizo la edición y la música, que lo hizo merecedor del galardón Mejor Música en el Festival de Cine Venezolano, celebrado en Mérida.

Esa experiencia, además, le confirmó que su camino era el diseño de sonido. “Escuchar al maestro Abreu fue una revelación para mí. Escucharle hablar sobre la música como nunca yo había escuchado a alguien me cambió la vida. Me hizo convencerme de que lo que estaba haciendo era lo que tenía que hacer”.

Linares se graduó de la primera cohorte de la Escuela de Medios Audiovisuales de la Universidad de Los Ángeles, casa de estudios pionera en separar los departamentos de Comunicación Social e incorporar el cine, sobre todo en una región del país que ya llevaba años moviendo las fibras creativas en beneficio de la cinematografía nacional. También cuenta con una especialización en Diseño de Sonido de la Universidad de Bournemouth en Inglaterra.

Con más de una veintena de proyectos en su hoja de vida, como el documental Once Upon a Time in Venezuela, que estuvo cerca del shortlist del Oscar, también tiene participación en proyectos internacionales como El abrazo de la serpiente (2015) de Ciro Guerra, el primer filme colombiano en recibir una nominación al Óscar. Esa cinta, que sigue a un chamán del Amazonas y a unos científicos en busca de una planta, también le dio el Premio Platino en 2016 por Mejor Música Original y le abrió las puertas a más proyectos.

La propuesta para hacer la música de Luxor (2020), una película británica grabada en Egipto que se estrenó en el Festival de Cine de Sundance, —una de las citas más importantes del cine independiente— llegó después de que la directora Zeina Durra quedara encantada con El abrazo de la serpiente. Lo mismo le sucedió con uno de los últimos proyectos en los que trabajó, una película polaca llamada Dzien i noc.

Aunque las composiciones para las películas están hechas de acuerdo con la película, su género y las escenas en cuestión, Linares deja su marca con la interpretación. “Trato de dar un sello de intérprete en la música que compongo”, dice, pero quiere ir más allá y fabricar instrumentos especiales para cada película en la que trabaje, que ese instrumento defina la cinta. Actualmente, está explorando con un arpa eólica y cristales baschet.

Y sí, cuando no está haciendo música para un largometraje, está editando. Y si no está editando, Nascuy Linares está haciendo música, esa expresión que lo ha acompañado casi toda su vida. Paralelamente, impulsa poco a poco un proyecto musical llamado “La partitura es film”, que lleva a cabo con su colega Odoardo Torres. En teatros, rememoran secuencias o fragmentos del cine mundial con interpretación de música original en vivo.

¿Un deseo? Más tiempo libre: “Me gustaría tener más tiempo para ver más películas”.

Clara Trueba