En la Rocinha, miles de motocicletas recorren cada día sus callejones y empinadas calles. La comunidad depende de los mototaxis como principal medio de transporte y como fuente de ingresos para numerosos vecinos. La vida avanza sobre dos ruedas y la movilidad se adapta al terreno complejo de esta favela de Río de Janeiro, según revela un reportaje de EFE.
La favela más grande de Brasil cuenta con 72.021 habitantes según el censo, aunque líderes comunitarios elevan la cifra hasta 160.000 personas. Esta población supera la de dos tercios de los municipios del estado de Río de Janeiro y exige soluciones de transporte rápidas y accesibles.
Mover a ese enorme contingente depende de las motocicletas, que acceden a calles estrechas donde no entran automóviles. Además, suben rampas verticales que caracterizan a esta comunidad, lo que convierte a estos vehículos en piezas esenciales de la movilidad local.
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Los mototaxis dominan el transporte y generan ingresos
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La asociación de vecinos calcula que 5.000 motos circulan por la Rocinha. De ese total, 2.000 funcionan como mototaxis, el servicio más utilizado por los residentes. Los conductores transportan unas 60 personas al día, lo que demuestra la magnitud de este sistema de movilidad.
Las motocicletas también trasladan mercancías, electrodomésticos, muebles y compras del supermercado. Incluso llevan a turistas que buscan llegar a los miradores con vistas panorámicas de Río de Janeiro. Los conductores cobran 5 reales por viaje a los vecinos y 10 reales a los turistas.
El constante flujo de motos marca el ritmo cotidiano de la Rocinha. Talleres mecánicos, servicios de lavado y concesionarios especializados proliferan en la comunidad. Estos negocios conviven con automóviles, camiones de basura, furgonetas, autobuses escolares y líneas regulares de transporte público.
Las motos representan una herramienta de trabajo para miles de vecinos, muchos de ellos migrantes que llegaron desde el norte y noreste de Brasil. La movilidad se convierte en oportunidad económica para quienes buscan estabilidad dentro de la favela.
Las motos conectan la vida diaria y sostienen la economía local
Alison Silva Oliveira, residente desde hace 21 años, dejó su empleo como camarero y creó un negocio de entregas en moto. Reparte ensaladas de fruta por toda la comunidad y aprovecha la demanda de servicios a domicilio. La Rocinha ofrece un territorio amplio y dinámico que favorece este tipo de emprendimientos.
Las motocicletas también acompañan a quienes se mudan a la favela. Familias trasladan electrodomésticos, muebles y bolsas de compra. Padres llevan a sus hijos a la escuela y vecinos se desplazan con sus mascotas. La moto se integra en cada aspecto de la vida cotidiana.
Capaces de acceder a callejones y escalinatas donde no entran coches ni autobuses, las motos escalan los 500 metros de altura que separan la parte alta y la baja de la comunidad. La estación del metro se ubica en la zona inferior, lo que refuerza la importancia de este transporte.
En una comunidad donde el tiempo y el coste del transporte resultan determinantes, nadie duda de que, sin las motocicletas, la Rocinha se detendría. La movilidad y la economía dependen de estos vehículos que sostienen la vida diaria.
CON INFORMACIÓN DE: EFE.
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