Obsesionados con leer la mente: ¿Lograremos ser telépatas algún día?
Redacción Web
5 de mayo de 2022
Obsesionados con leer la mente: ¿Lograremos ser telépatas algún día?

Información El Confidencial

El público aplaude, una mujer que se encontraba sentada entre ellos sube las escaleras y el telépata al que todos han ido a ver, adivina todo lo que pasa por la mente de ella en cuestión de segundos. Un número, un color, un nombre… la gente queda asombrada. En la televisión están echando una película de superhéroes y, como no podía ser de otro modo, uno de ellos tiene la capacidad de conocer todo lo que pasa por la mente de los demás. El don de la telepatía ha fascinado al ser humano durante siglos, ha poblado trucos de magia y ha sido famoso en los siglos, pero por ahora parece imposible saber qué piensa el resto del mundo.

La palabra viene del griego, pero no es tan antigua. Al contrario que la precognición (eso de conocer eventos futuros), no parece que nuestros antepasados estuvieran muy preocupados por conocer lo que pasaba por la mente de los demás: el término fue acuñado por primera vez en 1882 por Frederic W. H. Myers, fundador de la Sociedad para la Investigación Psíquica. Sus investigaciones se basaron más en la recopilación de datos anecdóticos, por lo que no pudieron tomarse muy en serio. Con el paso del tiempo, las pruebas más clásicas se basarían en la adivinación de naipes, relacionadas con los avances en el campo de la estadística, para evaluar los resultados. Las conclusiones sugirieron que, quizá, algunos dibujos podían reproducirse precognitivamente.

Las pruebas más clásicas de telepatía se han basado históricamente en la adivinación de naipes, relacionadas con los avances en el campo de la estadística.

En los años 60 algunas investigaciones concluyeron que la mayoría de las experiencias telepáticas sucedían cuando los individuos estaban soñando. Una serie de investigaciones en el Maimonides Medical Center de Brooklyn intentaron comprobar la telepatía durante el sueño: un participante, en un cuarto insonorizado, era monotorizado mientras dormía. Otra persona en una habitación trataba de enviarle una imagen, concentrándose en ella. Cerca del final de los estados de sueño, el receptor era despertado y se le pedía que describiese su sueño durante tal periodo. Los datos recogidos propusieron que algunas veces la imagen era incorporada de alguna forma en el contenido de los sueños del receptor. Aunque algunos experimentos eran interesantes, se requerían muchos recursos para llevarlos a cabo y, según el consenso general, la telepatía está considerada una pseudociencia.

Pero, ¿podríamos llegar a ser telépatas en el futuro? Como la cuestión sigue fascinando, los estudios al respecto no han dejado de realizarse. Ejemplos: en 2014 se realizó un experimento en el que se mostró que una persona que pensaba desde la India las palabras ‘hola’ o ‘ciao’ podía comunicárselas a gente en Francia sin decirlas en voz alta o escribirlas, mediante un lenguaje binario y unos sensores adheridos al cuero cabelludo de los participantes. En 2005, el biólogo Rupert Sheldrake reclutó a 50 participantes a través de un sitio web de empleo. Incluyó cuatro correos electrónicos potenciales y un minuto antes de la hora acordada, los participantes tenían que adivinar cual de ellos lo enviaría. El 43% de las conjeturas fueron correctas, mucho más de lo que se esperaba. Incluso se cree que esta predisposición biológica a la transferencia de pensamientos podría no limitarse a los humanos: cuando las bandadas de pájaros giran juntas, se cree que podría ser una inferencia entre ellos muy similar a la telepatía.

Se cree que esta predisposición biológica a la transferencia de pensamientos podría no limitarse a los humanos (ejemplo de ello son los pájaros)

Algunas de las conclusiones que se han sacado al respecto son que nuestros cerebros están conectados para captar señales sociales útiles, para que nuestros cerebros se conecten a través de grandes distancias tenemos que marcar una frecuencia similar a la que permitiría una conexión a internet, que si las personas tienen la capacidad de telepatía algunas personas serían más capaces que otras, y que las regiones cerebrales del hipocampo y parahipocampo podrían estar involucradas en esa comunicación telepática.

Un artículo de ‘National Geographic’ publicado en 2013 relata lo siguiente: en un laboratorio de la Escuela de Medicina de Harvard, un hombre ha conseguido usar su mente para mover la cola de una rata. Para enviar su orden, simplemente mira una luz estroboscópica que parpadea en la pantalla de un ordenador, y un conjunto de electrodos pegados a su cuero cabelludo detecta la actividad desencadenada en su cerebro. El ordenador procesa la señal y envía varios pulsos de baja energía al cerebro de la rata estimulando su corteza motora (el área que gobierna sus movimientos). Se trata de una creación de Seung-Schik Yoo y funciona el 94% del tiempo. Es un ejemplo quizá un poco rudimentario, si tenemos esperanza en el futuro, de la forma de conectar dos cerebros.

En un laboratorio de la Escuela de Medicina de Harvard un hombre consiguió usar su mente para mover la cola de una rata

Es cierto que, aunque los neurocientíficos han logrado avances sustanciales en el desciframiento de imágenes a partir de patrones de actividad cerebral, por ahora la transmisión de información es muy simple y se basa solo en elecciones binarias: uno o cero, izquierda o derecha. La telepatía digna de los jedis o los X men parece estar todavía muy lejos de estas elecciones.

Elon Musk y el futuro

Dentro de la infinita imaginación de Elon Musk, su proyecto Neuralink sería ese paso futurista que nos permitiría convertirnos en telépatas. Su implante cerebral estaría pensando para curar afecciones neurológicas como el Alzheimer, la demencia u otras lesiones incurables en la médula espinal. Pero también promete traer la telepatía a las personas sanas (dejemos a un lado la ética). Algo inviable a día de hoy pero que, según el sudafricano, podría ser real en menos de diez años. Por ahora está probando el chip en simios.

Por ahora la transmisión de información es muy simple y se basa solo en elecciones binarias: uno o cero, izquierda o derecha

Pero una telepatía sin ‘microchips’ u ordenadores de por medio contradice, por ahora, las leyes de la física: es imposible que se produzca un proceso en el cerebro sin que haya un estímulo interno que lo desencadene. Mientras Silicon Valley habla de supuestos sombreros que podrán leer la mente, al más puro estilo Harry Potter, por el momento hay que conformarse con los magos que prometen adivinar la carta que estás visualizando. Por lo menos hasta que nuestro cerebro evolucione lo suficiente como para imitar a Mel Gibson en ‘En qué piensan las mujeres’. Y, teniendo en cuenta el estrés al que se encuentra sometido el personaje durante toda la película, quizá sea mejor no conocer lo que piensan los demás de nosotros.

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